Fue el día siguiente a que las estrellas brillaran toda la noche. Y fue después del largo vacío, cuando la caída fue tan estrepistosa como aquella vez. Cuando todo se había juntado para formar la nada y cuando nada ya tenía sentido. Fue en ese momento, en ese preciso momento cuando el tiempo se detuvo de nuevo una vez mas en mi vida... cuando las horas debieron haberse parado y no lo hicieron, pero así pareció y cuando, curiosamente, la noche había dejado de existir y el día, protagonista, debía no haber aparecido nunca. Cuando los sueños eran constantes pesadillas y ya no se podía ver por culpa del salado mar que no paraba de interponerse en mi mirada.
Fue el día que recuperé parte de mi hogar y el día que había perdido ya el resto. Fue ese día cuando vino a mi de forma inesperada, con el aire necesario para el último aliento. La última bocanada antes de que ese mar decidiera sin mas quedarse con algo mas que mi mirada. Fue ese maravilloso y terrible día el que me trajo aquel solitario, triste, amable y delicioso abrazo eterno...